Si se vende, es arte.
Frank Lloyd Wright
Retomando el libro de Taleb, entre las recomendaciones que extraigo de la lectura de “El cisne negro”, está la de aplicar la estrategia de la haltera, barra del levantador de pesas, que parece que el autor empleaba cuando era operador de bolsa: consiste en que si sabemos que somos vulnerables a los errores de predicción, y si aceptamos que la mayor parte de las medidas de riesgo contienen errores debido al cisne negro, nuestra estrategia debería ser mostrarnos tan híper-conservadores e híper-agresivos como podamos, en vez de ser medianamente agresivos o conservadores. Sólo los expertos que buscan y tienen un sueldo fijo recomiendan las inversiones de riesgo medio. ¿Cómo saben que es de riesgo medio? Y ¿Por qué no son millonarios? Por lo tanto, deberíamos colocar entre el 85 y el 90% de nuestro dinero en instrumentos extremadamente seguros, Letras del Tesoro, por ejemplo. Y el 10-15% restante en apuestas extremadamente especulativas lo más apalancadas posible, como las opciones, en especial carteras de capital riesgo. Estaríamos así expuestos positivamente a un cisne negro, ya que en el peor de los casos tendríamos el 85% de nuestros activos protegidos.
Deberíamos establecer una distinción entre las contingencias positivas y las negativas: para exponerse al cisne negro positivo no hace falta comprender con precisión la estructura de la incertidumbre. No deberíamos buscar ni lo preciso ni lo local: “Hay que tener mucho cuidado si no se sabe adónde se va, porque es posible que no se llegue”. No es recomendable predecir cisnes negros precisos. Aprovechemos cualquier oportunidad, o cualquier cosa que parezca serlo. Hay que estar cerca de las fuentes de incertidumbre positiva, recojamos todos los billetes gratuitos que podamos. Empecemos tantos proyectos como podamos y relacionémonos con tanta gente como nos sea posible. Tengamos cuidado con los planes precisos de los gobiernos: dejemos que hagan predicciones, pero no nos creamos nada de lo que digan.
Hay personas a las que, si aún no lo saben, no se lo puedes decir, pero si oímos a un prominente economista que emplea la palabra “equilibrio”, “correlación”, “desviaciones típicas” o “distribución normal” no discutamos con él. Limitémonos a ignorarle, salvo que nos demuestre antes que está hablando de una distribución normal…Incluso en este caso, hay que estar alerta porque uno siempre puede fabricar datos que confirmen que el proceso es gaussiano, buscando para ello periodos que no tengan sucesos raros. En este tipo de distribuciones hay una drástica disminución de la velocidad en las probabilidades, a medida que nos apartamos del promedio. La idea es que para tomar una decisión tenemos que centrarnos en las consecuencias más que en la probabilidad. Todo lo que hay que hacer es exponerse poco y mitigar las consecuencias. Corremos un gran peligro, sin embargo: manejamos asuntos raros, que gestionamos como si perteneciesen a una distribución normal…
En general, a las personas que nos encontramos mientras ascendemos, nunca nos las encontraremos cuando bajamos... Entre los operadores de bolsa puede haber príncipes, pero nadie llega a rey… Un loco puede definirse como alguien que razona correctamente a partir de premisas erróneas: Greenspan solía decir que prefería la opinión de un operador de bolsa que la de un matemático… En general, parece que lo que determina el sino de una teoría en la ciencia social es el contagio, no su validez.
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