El autor reflexiona, al comienzo del libro, sobre los errores cometidos por los políticos mundiales, que en la primera mitad del siglo XX no prestaron especial atención a los desequilibrios en la producción/demanda de petróleo. Sin embargo, los que sí lo hicieron fueron los creadores de la OPEP, que en 1960 dieron un paso fundamental para ser algo más que productores, pasando a ser estrategas, participando activamente en la toma de decisiones. Juan describe de forma sencilla y clara la evolución del precio del petróleo a partir de ese momento, así como las tres crisis del petróleo vividas hasta la fecha.
Defiende Rosell que este mineral es a la sociedad actual lo que la sangre al cuerpo humano. Sin casi saberlo, vivimos rodeados de derivados del petróleo como el PE, el PP, el ABS, el PET, el PVC: la mayoría de los productos industriales contienen alguno de estos componentes. A pesar de esto, la petroquímica supone sólo el 10% del consumo mundial de petróleo. La magnitud de puestos de trabajo que genera el petróleo, directos e indirectos, es de proporciones incomparables con cualquier otra materia prima. Por lo tanto, sería imprescindible que, primero, fuéramos absolutamente conscientes de su importancia estratégica en nuestro quehacer diario y, segundo, nos pusiéramos a trabajar por lo que respecta a su correcta utilización.
El petróleo ha sido el mayor negocio del mundo hasta la fecha, e incluso precios de 85 a 90 dólares por barril son en realidad similares a los que se pagaban por este mineral en 1980, no en términos nominales, pero si en dólares corrientes del año 2006. El problema real es que no es infinito, y las alarmas llevaban sonando bastante tiempo. Los costes de producción varían entre $2 y $16 por barril, por lo que a precios elevados es probable que aparezcan reservas no cuantificadas. Está claro que hay petróleo para más de una generación, pero el cálculo para probar la certeza o validez de lo que cada país declara respecto a las reservas petrolíferas bajo su subsuelo es el secreto o la mentira mejor guardada por los países productores de petróleo. Sin embargo, no prevé el autor un incremento mayor de precios, sino una tendencia a la estabilidad “técnica” del mismo, porque ni a los unos ni a los otros les interesa volatilidad de precios en el mercado.
Anticipando la tesis de la obra, el autor ya nos desvela que confía en que la tecnología y la investigación sea capaz de ofrecer alternativas en el medio plazo. Quedan, en cuanto a reservas, posibilidades de transformar carbón en petróleo, como se hace en Sudáfrica y en China, técnica utilizada por los alemanes desde los años 20. Esta tecnología fue angustiosamente exprimida durante la II Guerra Mundial, y de haber tenido éxito, quizás hubiera cambiado el resultado de la misma. Lo que tanto políticos como técnicos o científicos saben, es que igual que la edad de piedra encontró su fin, y aún quedaban muchos millones de toneladas de piedras, al petróleo le sucederá lo mismo, y encontrará su punto de inflexión, y a partir de ahí comenzará a ser relegado. Según la Cambridge Energy Research Associates (CERA), fundada por Daniel Yergan - autor de “The prize of oil” (1992), una de las mejores obras sobre la historia del petróleo - este punto no se rebasará antes del año 2030.
En relación con el caso español, Rosell destaca nuestros problemas en relación con la productividad, y nuestra falta de reflejos a la hora de implantar medidas que mejoren la flexibilidad de nuestras fábricas: y es que hay otros dispuestos a hacerlo, o que lo están haciendo ya, y cada minuto que nos retrasemos implica que la brecha se amplía. Es lo que califica como la tiranía de los mercados, especialmente en empresas que no son de accionariado español, sino millones de accionistas internacionales, y ejecutivos que viven fuera de nuestras fronteras y que sólo ven cifras.
El autor reclama consumir menos petróleo, entenderlo como algo valioso y finito, y concentrarnos en las nuevas energías sin olvidar las viejas. Abrir las puertas a todas las posibilidades, desde la opción nuclear renovada hasta el hidrógeno, sin despreciar las renovables que, aunque muy aparentes, son insuficientes y caras. Defiende que no parece serio que siendo conscientes de que el problema existe, no se le ponga solución de forma más rápida.
El libro, como decíamos, contiene varios capítulos con profusión de tablas y datos, así como del caso concreto de varios países: Arabia Saudita, Rusia, Estados Unidos, son analizados en detalle, y ciertamente con datos históricos que para el lector especializado serán sin duda de gran valor.
Rosell comienza en el capítulo 15 a profundizar en la energía nuclear, auténtico corazón del libro y soporte de la tesis con la que el autor concluye. Explica con gran nivel de detalle el caso francés, produciendo el 80% de su electricidad vía nucleares, y como países limítrofes como Italia –que ya ha rectificado- y España, vienen demorando la construcción de nuevas centrales a costa de comprar energía nuclear a Francia, que tiene sus reactores a tan sólo unos kilómetros de nuestras fronteras. Destaca el papel de la energía nuclear en países en vías de desarrollo, por su nivel de certeza frente a otras alternativas, así como los niveles de seguridad, explicando con detalle el caso de Chernobyl y la nueva tecnología francesa en desarrollo industrial en estos momentos, el reactor EPR. Al contrario de lo que ocurre en España, en Francia las distintas regiones compiten por atraer las próximas inversiones nucleares…
El libro es, en suma, un ejercicio riguroso y técnicamente impecable de apoyo y defensa de la energía nuclear, como respuesta directa y sin atajos al título del mismo. En la parte no tan positiva, el autor aprovecha el “cambio climático”, (sin buscar aquí el soporte científico que el mismo autor solicita para la crítica social a la energía nuclear), sencillamente porque en este terreno el caldo de cultivo generado es favorable a las tesis de la energía nuclear como alternativa al petróleo. No dejo de sorprenderme, ni un solo día desde hace meses, de la cantidad de material que se publica aprovechando el tirón de este asunto que nos “sofoca” últimamente.
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